El caso es que cuando el cajón es nuevo, podemos ordenar todo los que
tenemos de manera muy cómoda, e incluso es muy fácil y rápido encontrar
aquella prenda que necesitamos en cada momento. Pero a medida que ese
cajón se va llenando, cada vez es más díficil encontrar algo, se nos
mezclan las prendas, se nos desparejan los calcetines y como la
tendencia es no hacer limpieza por aquello de " ... igual me saca de un
apuro algún día o es una lástima con lo cómodos que son ", el resultado
es que la gestión del cajón cada día es más compleja y le dedicamos más
tiempo cada mañana a encontrar aquello que deseamos. Hasta que llega un
buen día, que abrimos el cajón y está tan lleno y tan desordenado que
luego somos incapaces de volverlo a cerrar. En ese momento se avecina un auténtico desastre.
Podríamos establecer un símil entre ésta situación cotidiana y el
almacenamiento de datos corporativos, independientemente del tamaño de
la pyme. Es necesario que la infrastructura de almacenamiento se dote de los mecanismos necesarios para garantizar que
la gestión de los datos nunca permita éstas situaciones ya que, en la
gestión de sistemas, " un desastre " significa pérdidas de datos, coste económico elevado de recuperación y la no disponibilidad del
sistema durante un tiempo determinado. Las consecuencias no son solo
económicas, si no que la pérdida temporal de gestión habitual puede propagar una mala imagen de cara al exterior con unas consecuencias muy dificil de valorar.
Independienemente de cual sean nuestras necesidades de almacenamiento, lo más importante es analizar cual es la naturaleza de nuestros datos y que mecanismo se adapta mejor a nuestras circunstancias actuales y futuras, de manera que podamos garantizar la organización de nuestros calcetines y no perder el tiempo cada mañana revolviendo un cajón para acabar saliendo a la calle con un pie de cada color.
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